Dietas no saludables

En las últimas décadas, los alimentos y bebidas ultraprocesados han llegado prácticamente a todas las comunidades del planeta, ocupando el lugar de las dietas más sanas y tradicionales. Esta mayor disponibilidad –combinada con el marketing agresivo de la industria de la comida basura-–ha cambiado drásticamente la forma en que el mundo come y bebe, con graves efectos nocivos para nuestra salud.

Datos clave

Una de las principales causas de ENT

Se calcula que, a nivel mundial, las dietas no saludables son responsables de más de una cuarta parte del total de muertes por ENT.

Las poblaciones vulnerables corren más riesgo

En todas las regiones del mundo, las personas con menos recursos no pueden para acceder a una alimentación saludable, mientras que la industria de los alimentos ultraprocesados dirige sus esfuerzos de marketing hacia estas comunidades con productos perjudiciales para su salud.

De la mano de la crisis climática

Los sistemas alimentarios insostenibles son un motor fundamental de la crisis climática, que a su vez limita el acceso a una alimentación saludable.

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¿Cuál es el problema de las dietas no saludables?

En las últimas décadas se ha producido un cambio drástico en la forma en que el mundo come, bebe y se mueve. La globalización y la urbanización han allanado el camino a un aumento de los alimentos y bebidas precocinados, la comida basura y las comidas fuera de casa, y cada vez son menos las personas que cultivan y preparan sus propios alimentos. Al mismo tiempo, está aumentando la prevalencia mundial de ENT relacionadas con la dieta, como la diabetes de tipo 2, las enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión y el cáncer.

La capacidad de una persona para seguir una dieta sana no suele estar bajo su control: influye el entorno alimentario en el que vive, la nutrición en los primeros años de vida, los ingresos y la accesibilidad a alimentos saludables. Los alimentos ultraprocesados tienen una larga vida útil, lo que los hace atractivos tanto para los supermercados como para los consumidores. El marketing agresivo de la industria de los alimentos ultraprocesados –especialmente dirigido a los niños– dificulta aún más el acceso a una alimentación sana. Los entornos y las comunidades favorables son fundamentales para configurar los hábitos y las preferencias alimentarias de las personas, y los responsables políticos tienen un papel clave que desempeñar en la creación de dichos entornos.

Tipos de malnutrición
La malnutrición puede clasificarse en enfermedades derivadas de la desnutrición, el exceso de alimentación y, cada vez más, una combinación de ambas.

La desnutrición suele estar causada por una ingesta insuficiente de nutrientes, lo que provoca un peso inferior al normal para la estatura y, en ocasiones, dificulta el desarrollo físico y cognitivo.

La sobrenutrición se produce por consumir más nutrientes de los necesarios y puede provocar sobrepeso y obesidad, afecciones que aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles.

Cada vez más personas padecen ambos tipos de malnutrición simultáneamente, como consecuencia del consumo de alimentos ultraprocesados con alto contenido en grasas y calorías, pero bajos en nutrientes como vitaminas, minerales, fibra y proteínas. La pobreza es uno de los principales factores que contribuyen a la doble carga de la malnutrición y está estrechamente relacionada con el sobrepeso, la obesidad y las enfermedades no transmisibles relacionadas con la alimentación.

¿Por qué es urgente actuar?
Las dietas no saludables afectan directamente nuestra salud, pero también están estrechamente vinculadas con problemas de desarrollo como la pobreza, la desigualdad y la salud planetaria.

Los alimentos nutritivos sin procesar son económicamente inaccesibles para las personas con bajos ingresos en todos los países del mundo. A menudo, también están geográficamente fuera de su alcance, tanto para quienes viven en zonas rurales como para quienes viven en «desiertos alimentarios» urbanos. Los desiertos alimentarios suelen ser comunidades de bajos ingresos en las que los alimentos frescos han sido sustituidos en gran medida por alimentos procesados con una larga vida útil.

A nivel mundial, las dietas no saludables suponen un coste de más de 8 gbillones de dólares al año, y la gran mayoría de este coste está relacionado con ENT, como las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2. La mayor parte de esta carga recae sobre los países de ingresos bajos y medios, siendo las comunidades más pobres de todos los países las más afectadas. Se pierden otros 4 gbillones de dólares debido a los daños medioambientales y las desigualdades sociales causados por sistemas alimentarios insostenibles. De nuevo, son los países de ingresos bajos y medios los que sufren los daños más graves.

Las diez principales empresas de alimentación y bebidas controlan el 80 % de los productos alimenticios que se venden en las tiendas de todo el mundo, y el 75 % de estas empresas obtiene la mayor parte de sus ingresos de los alimentos ultraprocesados. La dependencia respecto a estos productos reduce la demanda de alimentos cultivados y producidos localmente, lo que destruye el sustento de muchas personas y refuerza sistemas alimentarios insostenibles que perjudican la salud humana y planetaria.

Dietas no saludables y ENT
Las dietas no saludables favorecen el aumento del colesterol, la presión arterial y el azúcar en sangre, así como el sobrepeso y la obesidad. Son uno de los principales factores de riesgo de las ENT, como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de cáncer y trastornos neurológicos y mentales.

Close up of person stepping on a scale. Still from 'From small steps to systemic shifts' from the Turning the Tide series
Close up of person stepping on a scale. Still from 'From small steps to systemic shifts' from the Turning the Tide series

Vivir con obesidad: De los pequeños pasos a los cambios sistémicos

Desi ha tenido problemas con su peso desde pequeña, y no es la única: más del 50% de los adultos búlgaros tienen sobrepeso, casi un 10% más que la media mundial. A menudo se estigmatiza a las personas que padecen sobrepeso y obesidad, pero ya es hora de ver las cosas en su conjunto. Hay muchos factores que impulsan la obesidad, como las ciudades que dependen de los coches para el transporte, los horarios frenéticos que dejan poco tiempo para cocinar comidas sanas y el marketing agresivo de alimentos no saludables.

Para combatir la obesidad, necesitamos cambios sistémicos que apoyen a personas como Desi en lugar de estigmatizarlas, y que hagan que elegir opciones saludables sea lo más asequible y atractivo.

Políticas para una alimentación sana
Implementar un paquete integral de políticas de nutrición es fundamental para alcanzar los objetivos mundiales sobre ENT y promover poblaciones más saludables y resilientes. Las políticas que se describen a continuación son viables para países de todos los niveles de ingresos.

Las políticas de reformulación pueden fomentar una alimentación más saludable al exigir a los fabricantes de productos alimenticios y bebidas que limiten o eliminen ingredientes nocivos, como las grasas trans, las grasas saturadas, los azúcares y el sodio.

Limitar o prohibir el marketing y la promoción de alimentos y bebidas no saludables, especialmente entre los niños y adolescentes, es una medida clave para fomentar una alimentación saludable.

Se ha demostrado que las etiquetas nutricionales obligatorias en la parte frontal del envase, que advierten claramente del alto contenido de ingredientes como las grasas, el azúcar y la sal, son eficaces para reducir el consumo de alimentos y bebidas no saludables.

Se pueden aplicar 'impuestos saludables' a las bebidas azucaradas y otros productos no saludables. Estos impuestos reducen el consumo al encarecer dichos productos y, al mismo tiempo, generan ingresos públicos que pueden destinarse a la salud.

Las ayudas a los alimentos integrales y nutritivos reducen su precio, lo que los hace más accesibles. Las ayudas a los productores también contribuyen a fomentar sistemas alimentarios saludables y sostenibles.

Las campañas de comunicación dirigidas a toda la población resultan eficaces para concienciar sobre los efectos nocivos para la salud de los productos con alto contenido en grasas, azúcar y sal.

La educación y el asesoramiento nutricionales en guarderías, colegios, lugares de trabajo y centros de salud permiten a las comunidades tomar decisiones más informadas sobre su salud y los alimentos que consumen.

Una alimentación saludable comienza desde el nacimiento, y, siempre que sea posible, se recomienda la lactancia materna para los recién nacidos y los bebés. Favorece un crecimiento saludable y el desarrollo cognitivo, y reduce el riesgo de sufrir sobrepeso u obesidad en el futuro. 

Un asesino en tu comida: es hora de eliminar las grasas trans

Las grasas trans de producción industrial son el peor tipo de grasa que se puede consumir. Provoca enfermedades cardiacas y aumenta el riesgo de muerte. La mayor parte de las grasas trans se forman mediante un proceso industrial que añade hidrógeno al aceite vegetal, lo que hace que el aceite se vuelva semisólido a temperatura ambiente. El uso de grasas trans ha aumentado desde la década de 1950, porque es barato y tiene una larga vida útil.

Hoy en día existen opciones más saludables y las grasas trans puede sustituirse sin coste añadido ni pérdida de sabor. Una de las políticas nutricionales más sencillas es la eliminación de las grasas trans producidas industrialmente, o ácidos grasos trans (AGT), del suministro mundial de alimentos. Si todos los países eliminaran este compuesto tóxico, podrían salvarse 17 millones de vidas de aquí a 2040. Aunque muchos países han eliminado los AGT de sus cadenas alimentarias, muchos otros –casi todos ellos países de ingresos bajos y medios– aún no lo han hecho.

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Sugary drinks in a supermarket shelf

América Latina y el Caribe: liderando una revolución sanitaria (vídeo en inglés)

América Latina y el Caribe registran algunos de los niveles más altos de sobrepeso y obesidad, hipertensión y diabetes del mundo, y las dietas no saludables han contribuido en gran medida a esta carga sanitaria. Por ello, varios países de la región como Barbados han puesto en marcha algunas de las políticas más audaces del mundo para proteger a la población de la industria de alimentos y bebidas ultraprocesados.

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