La importancia de la sociedad civil en la respuesta a las ENT en la Región del Mediterráneo Oriental
Para responder a las preguntas que ya no podemos permitirnos ignorar sobre el reconocimiento, la sostenibilidad y el modelo de asoaciación, debemos enfrentarnos a una realidad que evoluciona rápidamente: a las organizaciones de la sociedad civil (OSC) que trabajan en el ámbito de las enfermedades no transmisibles (ENT) en la Región del Mediterráneo Oriental (RMO) se les pide que hagan más, con menos recursos, en entornos cada vez más complejos y frágiles.
La RMO se enfrenta a la inestabilidad política, los conflictos armados prolongados y la escalada de tensiones geopolíticas que están socavando gravemente la prestación de servicios para las ENT. Las crisis actuales en países como Sudán, Gaza y Yemen, junto con las crecientes tensiones entre Irán y los países vecinos, están perturbando los sistemas sanitarios y agravando una emergencia de salud pública regional más amplia. Los desplazamientos generalizados, la destrucción de infraestructuras y la limitación del acceso humanitario están provocando consecuencias sanitarias inmediatas y a largo plazo.
En toda la región, las ENT ya son responsables de casi tres cuartas partes de todas las muertes, y esta carga se está intensificando en situaciones de crisis. Los sistemas sanitarios están sometidos a una presión extrema: los hospitales están dañados o desbordados, los servicios de atención primaria interrumpidos y las cadenas de suministro son cada vez más frágiles. La escasez de medicamentos y equipos esenciales está comprometiendo la continuidad de la atención a las personas con diabetes, hipertensión, cáncer y otras enfermedades crónicas.
Las consecuencias son previsibles. Entre ellas, el aumento de las tasas de complicaciones prevenibles, como accidentes cerebrovasculares, infartos de miocardio, insuficiencia renal y cánceres en fase avanzada, junto con la erosión de los avances en prevención y cribado logrados en la última década.
Pero el impacto va más allá de la interrupción de los servicios. Los conflictos, los desplazamientos y la inestabilidad económica están acelerando la exposición a factores de riesgo de ENT. La inseguridad alimentaria, el estrés crónico y el acceso reducido a los servicios preventivos están impulsando tanto la aparición como el desarrollo de las enfermedades. El retraso en el diagnóstico y la reducción de las pruebas de detección hacen que cada vez más pacientes presenten una enfermedad avanzada, lo que aumenta la mortalidad y los costes del sistema a largo plazo. En contextos frágiles, la región corre el riesgo de sufrir una oleada secundaria de morbilidad y mortalidad relacionadas con las ENT.
Mientras que las crisis agudas acaparan la atención mundial, la evolución de las tensiones geopolíticas en el Golfo está introduciendo una capa adicional de riesgo sistémico. A pesar de contar con sistemas sanitarios relativamente sólidos, los países del Golfo siguen siendo vulnerables a las crisis indirectas. Su gran dependencia de las importaciones mundiales de productos farmacéuticos y tecnologías médicas los expone a interrupciones en rutas comerciales clave, como el estrecho de Ormuz. Incluso las interrupciones de corta duración pueden socavar la adherencia al tratamiento y la continuidad de la atención sanitaria.
Al mismo tiempo, la volatilidad económica vinculada a la incertidumbre geopolítica puede reordenar la financiación sanitaria y desplazar las prioridades de la prevención hacia una atención más costosa y tardía. La dependencia de la región del personal sanitario expatriado y la vulnerabilidad de las poblaciones migrantes agravan aún más estos riesgos. Las alteraciones en el empleo y en la cobertura de los seguros pueden debilitar la prestación de servicios y restringir el acceso a la atención, creando un doble impacto que afecta de manera desproporcionada a quienes viven con enfermedades crónicas.
En este panorama cada vez más complejo, las OSC se han convertido en actores indispensables. Ya no son suplementarias, son fundamentales para su misión. Su proximidad a las comunidades las posiciona como proveedores de confianza, especialmente en entornos frágiles y afectados por conflictos donde los sistemas formales están limitados.
En todo la RMO, las OSC están teniendo un impacto tangible. Desde la integración de los servicios de enfermedades no transmisibles en la atención primaria a través de clínicas móviles en entornos afectados por conflictos, pasando por el mantenimiento del acceso a los medicamentos esenciales y el apoyo a los trabajadores sanitarios de primera línea, hasta la garantía de la continuidad de la atención a las poblaciones desplazadas y refugiadas, estas organizaciones están colmando lagunas críticas. Su agilidad, la confianza de la comunidad y su conocimiento del contexto les permiten actuar donde otros no pueden.
Sin embargo, esto plantea una cuestión fundamental: ¿Se está reconociendo y dotando a las OSC de los recursos adecuados para el papel que se espera que desempeñen?
La respuesta sigue siendo en gran medida negativa. A pesar de su papel central en la respuesta a las ENT, las OSC siguen operando con una financiación limitada y a corto plazo y dentro de espacios cívicos cada vez más restringidos. Muchas se ven obligadas a elaborar programas de forma reactiva, lo que limita su capacidad para planificar, ampliar o innovar.
Esto lleva a una segunda pregunta más urgente:¿Durante cuánto tiempo pueden las OSC mantener este nivel de respuesta bajo una presión cada vez mayor?
El modelo actual no es sostenible. El aumento de la demanda, la disminución de los recursos y las crecientes limitaciones operativas están llevando a muchas organizaciones al borde del abismo. Sin una financiación previsible y un entorno político propicio, el riesgo es claro: reducción de la cobertura de los servicios, disminución del impacto y aumento de las desigualdades sanitarias.
Al mismo tiempo, las barreras estructurales siguen limitando el compromiso significativo entre las OSC y los sistemas sanitarios mundiales. A pesar de la fuerte retórica en torno a la cooperación, las OSC siguen enfrentándose a un acceso restringido a la financiación y a las plataformas de toma de decisiones, así como a oportunidades limitadas de colaboración a largo plazo con la OMS y los actores multilaterales.
¿Por qué persisten estas barreras y quién es responsable de abordarlas?
No se trata simplemente de una cuestión operativa, sino sistémica. Abordarla exige un cambio deliberado en la forma en que se diseñan, financian y gobiernan las colaboraciones.
La oportunidad, sin embargo, es igualmente clara. Para avanzar es necesario pasar de un compromiso transaccional a una auténtica cooperación. Las OSC deben ser reconocidas como actores estratégicos y cocreadores de soluciones, no como meros ejecutores. Para ello hay que integrarlas en las estrategias sanitarias nacionales y regionales, invertir en su capacidad institucional y garantizar mecanismos de financiación flexibles y sostenidos.
Al mismo tiempo, hay que acelerar la innovación. Las soluciones sanitarias digitales, como la telemedicina, las plataformas móviles y la monitorización basada en inteligencia artificial, ofrecen vías para mantener la continuidad de la atención en entornos inseguros. El fortalecimiento de los sistemas de datos y la vigilancia a través de la participación de las OSC también puede abordar brechas críticas en la evidencia, lo que permite intervenciones más eficaces y específicas.
En última instancia, la RMO se encuentra en un punto de inflexión crítico. La inestabilidad política y los conflictos han sacado a la luz profundas vulnerabilidades estructurales en la prestación de servicios para las ENT, al tiempo que han puesto de relieve el valor estratégico de la sociedad civil.
La cuestión ya no es si las OSC son esenciales. La verdadera pregunta es: ¿qué se necesita para avanzar hacia un modelo de asociación genuino y equilibrado en términos de poder?
Llamamiento a la acción
Los gobiernos, la OMS y los organismos multilaterales deben ir más allá de la retórica y adoptar un modelo de asociación que aproveche plenamente las capacidades de las OSC. Esto significa:
- Asegurar una financiación sostenible y flexible para las OSC
- Crear mecanismos de gobernanza inclusivos que eleven las voces de las OSC
- Incorporar la atención a las ENT en los marcos de preparación y respuesta ante emergencias
- Fortalecer la colaboración entre sectores para abordar los determinantes sociales de la salud
Fortalecer la colaboración no es opcional, es un imperativo estratégico. Si no se integra plenamente a la sociedad civil en la respuesta a las ENT, los esfuerzos por construir sistemas de salud resilientes, equitativos y adaptables a las crisis en la RMO se quedarán cortos.
La Dra. Ibtihal Fadhil es la fundadora y presidenta de la Alianza de ENT del Mediterráneo Oriental. Médica de formación, con un máster y un doctorado en salud pública, ha trabajado en el control de las ENT tanto en el ámbito gubernamental como en el de la sociedad civil. Como asesora regional de la OMS sobre ENT, la Dra. Fadhil ha colaborado con la mayoría de las organizaciones de la sociedad civil (OSC) de la región durante más de ocho años y ha desarrollado la red regional principal de OSC que luchan contra las ENT. Ha trabajado conjuntamente con la Organización Mundial de la Salud y otros socios regionales para dar prioridad a la prevención y el control del cáncer y para desarrollar la capacidad de las OSC regionales con el fin de mejorar la prevención y el tratamiento del cáncer, también en contextos humanitarios.