Ocho de las diez principales causas de muerte a nivel mundial son enfermedades no transmisibles
Las últimas Estimaciones de Salud Mundial, publicadas el 2 de octubre, revelan la creciente importancia de las enfermedades no transmisibles (ENT) en la mortalidad mundial. En 2023, ocho de las diez principales causas de muerte en el mundo eran ENT, y estas representaban el 74 % de las muertes a nivel mundial, frente al 58 % registrado en 2000. Esto pone de relieve la urgente necesidad de tomar medidas para prevenir y tratar estas enfermedades.
La cardiopatía isquémica sigue siendo la principal causa de muerte en el mundo, habiéndose cobrado 9,5 millones de vidas en 2023, seguida del ictus y la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC). La enfermedad de Alzheimer y otras demencias ascendieron al quinto lugar, mientras que la diabetes ocupó el sexto, habiéndose más que duplicado las muertes por diabetes desde el año 2000. Estos cambios reflejan el crecimiento demográfico y el envejecimiento de la población, así como una mayor exposición a los factores de riesgo de las ENT, a saber, las dietas no saludables, la contaminación atmosférica, la inactividad física y el consumo de tabaco y alcohol. Una gran proporción de las ENT podría prevenirse o retrasarse reduciendo esta exposición.
Los resultados también revelan marcadas desigualdades entre países. En los países de bajos ingresos (PBI), siete de las diez principales causas de muerte en 2023 fueron enfermedades transmisibles, entre ellas las infecciones de las vías respiratorias inferiores, la malaria, la tuberculosis y el VIH. Las afecciones neonatales y los accidentes de tráfico también siguen siendo retos importantes. Aunque las muertes por varias enfermedades infecciosas han disminuido sustancialmente desde el año 2000, las infecciones de las vías respiratorias inferiores han seguido siendo la principal causa de muerte en los PBI durante gran parte de la última década, con más de 350 000 fallecimientos anuales entre 2000 y 2023.
"La creciente carga de las ENT es más que un cambio epidemiológico: es un desastre sanitario en cámara lenta, atravesado por desigualdades profundas y persistentes. El lugar donde las personas nacen, viven y trabajan, su acceso a entornos saludables y a una atención médica asequible, así como las políticas que conforman su vida cotidiana, influyen en su riesgo de desarrollar ENT y de morir prematuramente por esta causa. Ningún país puede permitirse ignorar esta crisis creciente, y ninguna comunidad debe quedar al margen de la respuesta".
Al mismo tiempo, la carga de las ENT está aumentando en todos los países, independientemente de su nivel de renta. Cinco de las diez principales causas de muerte en los países de ingresos medios-bajos eran ENT, cifra que ascendía a ocho en los países de ingresos medios-altos y a nueve en los de ingresos altos. Esto pone de relieve el doble reto de mantener los avances en materia de enfermedades infecciosas, afecciones neonatales y otras causas evitables de muerte, al tiempo que se responde de manera eficaz a la creciente carga de las ENT. La menor presencia de las ENT entre las principales causas de muerte en los países de ingresos bajos no refleja una ausencia de necesidad, sino más bien la doble carga que suponen las enfermedades transmisibles y otras afecciones que los sistemas de salud también deben abordar junto con las ENT.
En todos los grupos de ingresos, los resultados refuerzan la importancia de contar con sistemas de salud integrados y centrados en las personas, capaces de prevenir, diagnosticar y tratar las ENT y otras necesidades sanitarias a lo largo de toda la vida. Esto requiere entornos y comunidades que promuevan la salud, creados mediante una acción política coordinada y multisectorial, junto con servicios sanitarios accesibles, asequibles y de calidad.
Para estos esfuerzos son esenciales unos datos fiables sobre mortalidad. La OMS señala que los sistemas de recopilación de datos en muchos países siguen estando fragmentados o son incompletos, lo que limita la capacidad de los responsables políticos para identificar a las poblaciones de mayor riesgo y asignar los recursos de manera eficaz y en consonancia con las necesidades de salud de la población. Por lo tanto, reforzar los sistemas nacionales de información sanitaria y garantizar que los datos se desglosen por factores como la edad, el género y la ubicación geográfica es fundamental para abordar las desigualdades y orientar las políticas sanitarias.