Punto de inflexión para la salud mental: la importancia de financiar ahora
Es un momento crucial para el sector de la salud mental. Da la sensación de que estamos cerca de un punto de inflexión transformador. La concienciación y la comprensión de la importancia de la salud mental para todas las personas, en todas partes, han aumentado considerablemente, hasta el punto de que existe voluntad política en todo el mundo para llevar a cabo un cambio sin precedentes; sin embargo, sigue habiendo un déficit anual de al menos 200 000 millones de dólares en la financiación pública destinada a la salud mental. La voluntad política es difícil de cuantificar; en última instancia, lo que cuenta son los fondos.
Hemos sido testigos de numerosos avances positivos derivados de los encuentros políticos de los últimos años: la Asamblea General de la ONU, la Asamblea Mundial de la Salud, el Consejo de Derechos Humanos y las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU sobre salud mental; la Reunión de Alto Nivel de 2025 sobre las enfermedades no transmisibles (ENT) y la salud mental; y la Posición Común de la Unión Africana de 2026 sobre las ENT, las lesiones y la salud mental, por citar solo algunos ejemplos. Ahora contamos con el tercer Diálogo internacional sobre financiación sostenible para las ENT y la salud mental (DIF3) para centrar la atención en la financiación de este impulso político. Organizado por el Gobierno de Filipinas, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud y el Banco Asiático de Desarrollo, reunirá a gobiernos, instituciones financieras internacionales, socios para el desarrollo y la sociedad civil con el fin de identificar soluciones prácticas para financiar las ENT y la salud mental en un contexto de creciente presión fiscal.
Nuevas, mayores y mejores inversiones en salud mental
Esta vez parece diferente. Hay tres resultados tangibles que podrían impulsar nuevas, mayores y mejores inversiones en salud mental: un pacto regional sobre el acceso a productos y servicios sanitarios, un conjunto de herramientas de financiación y la Declaración de Manila, que ofrece oportunidades para poner en práctica los compromisos. United for Global Mental Health, la Global Mental Health Action Network y las comunidades más amplias vinculadas a la salud mental y ENT trabajarán con determinación para garantizar que esto se haga realidad.
Las conversaciones iniciales se centran más en el gasto que en la recaudación de ingresos. Los economistas de la salud presentes en la sala sostienen que la recaudación de ingresos debería destinarse a los sistemas de salud en su conjunto y no a tipos específicos de enfermedades o a programas aislados. Teniendo esto en cuenta, para mí hay tres áreas de interés para la salud mental de cara al DIF3:
- El compromiso de los gobiernos de desinstitucionalizar los sistemas de salud mental utilizando la financiación como herramienta política. Los recursos públicos destinados a la salud mental son escasos incluso en el mejor de los casos. Es más, la mayor parte de la financiación se destina a centros terciarios, como los grandes hospitales psiquiátricos, en lugar de a servicios comunitarios. Esto supone más del 80 % de los presupuestos públicos de salud mental en muchos países de ingresos bajos y medios. Para que esta transición se produzca de forma segura, es necesario desarrollar sistemas de salud mental basados en la atención primaria y comunitaria. Esto requerirá, en algunos casos, inversión externa —exactamente el tipo de inversiones estructurales en las que debería centrarse toda la financiación interna para el desarrollo.
- El rediseño de las políticas nacionales de cobertura para garantizar que las intervenciones de salud mental (y de ENT) de calidad contrastada y rentables se integren plenamente en los paquetes de prestaciones de la cobertura sanitaria universal. Se trata de una inversión clave para el cambio estructural capaz de acabar con la dependencia de los centros terciarios de salud mental. Además, es la mejor forma de invertir en prevención: promoción de la salud mental, intervención temprana y programas comunitarios, especialmente estrategias de prevención dirigidas a niños y niñas, adolescentes y adultos jóvenes.
- La necesidad imperiosa de un enfoque que abarque a todo el Gobierno: la financiación sostenible de la salud mental (y las ENT) requiere una coordinación entre los ministerios de Sanidad, Hacienda, Educación y otros sectores sociales, así como los de Comercio y Planificación. Solo mediante políticas fiscales coordinadas y estrategias de inversión intersectoriales, como los planes nacionales de desarrollo y los mecanismos presupuestarios a medio plazo, se podrá lograr la transformación hacia sistemas de salud mental eficaces.
Hay otros factores en juego. El terremoto financiero que supuso el fin de USAID y la reducción de los presupuestos de ayuda oficial al desarrollo en todo el mundo ha obligado a entablar un debate muy necesario sobre el futuro de la arquitectura de la salud mundial. Si alguna vez ha habido una ocasión para que la salud mental se entienda como una oportunidad transversal para mejorar todos los resultados sanitarios y sociales, es esta. Quienes tienen poder en este debate, pero no están bien versados en las ENT y la salud mental, deben, como mínimo, comprender que ambas representan el 75 % de la carga mundial de morbilidad y, sin embargo, la financiación dista mucho de ser suficiente para satisfacer las necesidades. Nos encontramos en un punto de inflexión para la salud mental; debemos tomar decisiones financieras inteligentes para asegurarnos de que la balanza se incline en la dirección correcta.
James es un defensor de la salud mental y de la financiación sanitaria, y actualmente ocupa el puesto subdirector ejecutivo en United for Global Mental Health. Antes de unirse a esta organización, lideró el trabajo de políticas e incidencia sobre financiación sanitaria mundial en Save the Children, impulsó el programa de Transparency International para combatir la corrupción en el sector salud y trabajó en gestión financiera pública y gobernanza en Crown Agents. Inició su carrera profesional en la Organización Mundial de la Salud, centrado en la vigilancia de vacunas, y ha desarrollado su labor en diversos países de África subsahariana y Asia.