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Invertir en personal sanitario es un pilar de la rendición de cuentas

3 min. de lectura
By Jennifer Bae, MHSA , Kasey Fizer, MPH
Una enfermera, un médico y Naasson Nduwamungu en el Hospital del Distrito de Masaka en Kigali, Ruanda

A raíz de la cuarta Reunión de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre las ENT y la Salud Mental (RAN4), hemos estado reflexionando sobre una verdad simple pero urgente: no podemos cumplir los compromisos mundiales de reducción de las enfermedades no transmisibles (ENT) sin invertir en las personas que hacen posible la atención sanitaria.

En el American College of Cardiology (ACC), consideramos que el personal sanitario no es sólo un componente de los sistemas de salud, sino la columna vertebral de la rendición de cuentas. Para que los países cumplan los compromisos asumidos en la Declaración Política de la 4.ª Reunión de Alto Nivel, deben dotar a los proveedores de primera línea, a los sanitarios comunitarios y a los equipos multidisciplinarios de las herramientas, la formación y el apoyo necesarios para llevar las políticas a la práctica.

A través de nuestros programas mundiales, hemos tenido la oportunidad de trabajar con socios de países de ingresos bajos y medios para reforzar la prevención de las enfermedades cardiovasculares (ECV) a nivel comunitario. Una de las lecciones más claras que hemos aprendido es que el liderazgo de las ENT no sólo procede de los ministerios o las instituciones mundiales, sino que ya existe en las comunidades. El reto es reconocerlo, dotarlo de recursos y ampliarlo.

Por ejemplo, en nuestro trabajo de apoyo a la prevención comunitaria de las ECV, estamos desarrollando un plan de formación culturalmente relevante para los trabajadores sanitarios comunitarios (TSC) que se extenderá por toda Ruanda. Esta iniciativa se centra en herramientas prácticas y adaptadas al contexto local para mejorar la detección precoz, la evaluación de riesgos y las vías de derivación. Al invertir en los TCS, que a menudo son el primer y único punto de contacto para muchos pacientes, estamos reforzando el vínculo entre las estrategias nacionales contra las ENT y su aplicación en el mundo real.

Pero este trabajo no está exento de desafíos. La escasez de personal sanitario, la limitada infraestructura de formación y la fragmentación de los sistemas asistenciales siguen frenando los avances. Con demasiada frecuencia se pide a los proveedores de primera línea, especialmente a los TCS, que hagan más con menos, sin una remuneración justa, un reconocimiento formal o las protecciones que se conceden a otros profesionales sanitarios. A pesar de desempeñar un papel fundamental en la prevención, la detección precoz y la confianza de los pacientes, los TCS suelen ser tratados como extensiones informales del sistema y no como miembros esenciales y cualificados del personal sanitario. Estas lagunas no son sólo cuestiones operativas; son fallos de liderazgo y de rendición de cuentas.

Integrar formalmente a los TCS en los sistemas nacionales

Cerrar la brecha de liderazgo en las ENT significa abordar estas realidades de frente. Requiere que los gobiernos y los socios vayan más allá de los compromisos e inviertan en modelos sostenibles de personal sanitario que integren formalmente a los TCS en los sistemas nacionales, con formación estandarizada, vías de certificación y, lo que es más importante, una remuneración justa y coherente. La rendición de cuentas debe ir más allá del recuento de las políticas adoptadas; debe incluir si los TCS son remunerados por su trabajo, apoyados en sus funciones y retenidos como profesionales dentro del sistema. Sólo entonces podremos garantizar que los pacientes reciban una atención continua y de alta calidad y que los compromisos en materia de ENT se traduzcan en un impacto en el mundo real.

En ACC, estamos trabajando para alinear nuestros esfuerzos con iniciativas globales más amplias, incluyendo asociaciones que integren la formación del personal en programas de ENT a nivel de ciudad y en las estrategias nacionales. Mediante la colaboración intersectorial, reuniendo a médicos, líderes de la salud pública y partes interesadas de la comunidad, pretendemos crear modelos ampliables que puedan adaptarse a diversos entornos.

Y lo que es más importante, también escuchamos. Las soluciones más eficaces que hemos visto son las creadas conjuntamente con los proveedores y las comunidades locales. Sus puntos de vista no sólo determinan lo que construimos, sino también cómo definimos el éxito. Esta también es una forma de liderazgo, inclusiva, fundamentada y esencial para lograr un impacto a largo plazo.

Mientras la campaña de la Semana de Acción Mundial de la Alianza de ENT sigue exigiendo rendición de cuentas, el papel del personal sanitario debe permanecer en un lugar central. Invertir en las personas no es una prioridad secundaria, es el camino para cumplir todas las promesas realizadas.

Los compromisos de la RAN4 son claros. Ahora, la cuestión es si esos compromisos irán acompañados del liderazgo, los recursos y la rendición de cuentas necesarios para actuar.

Desde nuestro punto de vista, reforzar el personal sanitario es una de las formas más tangibles y poderosas de cerrar la brecha.

Jennifer Bae es la directora ejecutiva de Innovación Global del American College of Cardiology. Supervisa el trabajo programático global y la cartera de inversiones en innovación. Su experiencia profesional previa incluye el desarrollo de capacidades en salud global para el Departamento de Estado, los CDC y organizaciones académicas; la consultoría para hospitales y sistemas de salud estadounidenses en The Advisory Board Company; y el trabajo con pagadores públicos.  Es licenciada en Ciencias de la Salud (BS) y tiene un máster en Administración de Servicios Sanitarios (MHSA) por la Universidad de Míchigan, y domina el español, el bahasa y el mandarín. 

Kasey Fizer es una profesional de la salud mundial especializada en alianzas e incidencia en el American College of Cardiology. En su trabajo, colabora con equipos de programas internacionales y socios filantrópicos para poner en marcha iniciativas sanitarias en todo el mundo. Su trayectoria abarca la divulgación y el desarrollo de una clínica de salud comunitaria rural en Virginia Occidental, programas de salud comunitaria con la población romaní en el norte de Rumanía y el apoyo humanitario a los ucranianos desplazados durante la guerra en Ucrania. Posee un máster en Salud Pública por la Universidad Estatal de East Tennessee y una licenciatura por la Universidad Marshall.

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