Reportaje
Políticas y promoción

La CEO de la NCDA Katie Dain aboga por una salud global más inclusiva en seminario web

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En su discurso de apertura del seminario web El pulso del mañana: Cambiar el paradigma de las ENT en la arquitectura sanitaria mundial, coorganizado por C-CAN y la Partnership for International Politics and Diplomacy for Health, la directora general de Alianza de ENT, Katie Dain, subrayó el papel fundamental de la sociedad civil a la hora de dar forma a las reformas sanitarias mundiales, al tiempo que advirtió de que las actuales propuestas de la OMS corren el riesgo de dejar de lado las voces de las personas que viven con ENT y de socavar una gobernanza significativa y basada en la comunidad.

Nos reunimos en un momento crucial para la salud mundial. Los drásticos recortes en la financiación de la salud mundial, combinados con los cambios geopolíticos en torno al multilateralismo, están impulsando una "reimaginación" de la salud mundial y la reforma de la arquitectura sanitaria mundial (ASM).

Esto brinda la oportunidad de elaborar una agenda para la reforma de la sanidad mundial que responda a los retos actuales y futuros de la sanidad mundial y aborde los conocidos defectos del sistema actual en términos de fragmentación, ineficacia y agendas impulsadas por los donantes, por nombrar algunos.

Uno de los principales retos de la sanidad mundial que debe formar parte de esta conversación son las enfermedades no transmisibles (ENT) y la salud mental. Las estadísticas son bien conocidas: Las ENT causan actualmente el 75% de todas las muertes en el mundo, y 18 millones de ellas se producen antes de los 70 años, durante los años más productivos de las personas: 1.400 millones padecen hipertensión, 500 millones diabetes, casi 1.000 millones sufren enfermedades mentales y 1 de cada 3 personas padece una enfermedad neurológica.

Estas cifras están aumentando de forma más rápida y desproporcionada en los países y comunidades menos preparados para responder, ya que el 73% de las muertes por ENT se producen en países de ingresos bajos y medios. Dentro de 4 años, las ENT superarán a las enfermedades infecciosas y a la salud materna como principal causa de muerte en el África subsahariana. Por ello, las ENT son también un problema de desarrollo y pobreza. En general, el mundo sigue lejos de cumplir el Objetivo de Desarrollo Sostenible 3.4 sobre la reducción de la mortalidad prematura por ENT.

Por el contrario, una cifra que no ha cambiado es que menos del 3% de la ayuda al desarrollo para la salud se ha asignado a estas enfermedades en las últimas dos décadas.

Este es el problema central: la exclusión histórica de las ENT de la política sanitaria mundial y de la ASM a medida que evolucionaba ha creado un desajuste estructural fundamental entre la financiación sanitaria mundial y la carga real de las ENT, el principal desafío sanitario a día de hoy. La actual ASM se construyó para una época diferente –los años 90 y principios de los 2000, durante el periodo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)– en la que la atención se centraba en las enfermedades infecciosas y la salud materno-infantil, y las ENT ni siquiera figuraban como una nota a pie de página en la agenda. Estaban completamente excluidas.

El principio básico de diseño que surgió en la salud mundial, especialmente durante la era de los ODM y dentro de la ASM, fue un enfoque vertical. Esto condujo a la creación de importantes iniciativas de salud mundial como ONUSIDA, el Fondo Mundial, PEPFAR, GAVI y, más recientemente, el Fondo Mundial de Financiación, el Fondo Pandémico y CEPI. Aunque estas iniciativas han impulsado avances significativos, también han contribuido a desequilibrios en la financiación y a un progreso desigual en el panorama sanitario general. Esto es evidente en el presupuesto de la OMS para 2024-2025, que asciende a 6.800 millones de dólares, y en el que las ENT siguen siendo una de las áreas más infrafinanciadas, con una asignación desolo 430 millones de dólares.

Esto ha tenido un efecto directo en la forma en que se diseñan los sistemas de salud a nivel nacional, reforzando las estructuras verticales y un fuerte enfoque en los cuidados intensivos. Como resultado, muchos países han desarrollado servicios muy eficaces para problemas de salud específicos. Sin embargo, los modelos de atención a las ENT se han quedado rezagados, sobre todo en los países de ingresos bajos y medios. Esta brecha es particularmente evidente en el nivel de la atención primaria de salud (APS), a pesar de su importante potencial para la prevención, la detección precoz y la gestión a largo plazo de las ENT.

NCDA CEO Katie Dain speaking at a webinar
"El papel de la sociedad civil y de las comunidades afectadas —tanto en el propio proceso de reforma como a la hora de tener voz y voto en los órganos de gobierno de la estructura resultante— es absolutamente fundamental".
Katie Dain
Directora General, Alianza de ENT

¿Cuáles son las implicaciones de esta nueva realidad sanitaria, en particular en lo que respecta a la carga de las ENT, para la reforma de la ASM? Permítanme compartir algunas recomendaciones, que son el tema central de un nuevo documento de posición que presentaremos en la Asamblea Mundial de la Salud la semana que viene:

En primer lugar, el proceso de reforma debe ir más allá de abordar las ineficiencias del sistema actual y reorientarse verdaderamente para hacer frente a los retos sanitarios mundiales actuales y futuros, lo que debe incluir una mayor priorización de las ENT y la salud mental. Si hoy estuviéramos diseñando la arquitectura de la salud mundial desde cero, estas cuestiones ocuparían un lugar central, no serían un añadido que nos cuesta acomodar.

En segundo lugar, no estamos proponiendo la creación de una nueva iniciativa de salud mundial dedicada a las ENT, y nunca lo hemos hecho. Más bien, lo que se necesita es un reajuste fundamental: pasar de los enfoques verticales de la era de los ODM a un modelo más integrado alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), una transición que sigue pendiente 11 años después. Esto significa que las iniciativas sanitarias mundiales y la ASM deben alejarse de la programación y la financiación aisladas y centradas en enfermedades específicas, y dar prioridad en su lugar al fortalecimiento de sistemas de salud integrados y centrados en las personas, con la atención primaria de salud como eje central.

Ya existe un claro consenso político en torno a este cambio, que se refleja en compromisos como las Reuniones de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Cobertura Sanitaria Universal, la Agenda de Lusaka, el objetivo de ONUSIDA para 2023 de llegar al "cuarto 90", y el objetivo del Banco Mundial de llegar a 1500 millones de personas con atención integrada. Varias iniciativas sanitarias mundiales han empezado a ampliar sus mandatos en esta dirección a nivel estratégico –por ejemplo, el Fondo Mundial y ONUSIDA–, lo que constituye un comienzo muy bienvenido. Sin embargo, estos esfuerzos deben ir mucho más allá. Lo que aún se necesita es un cambio tangible en el establecimiento de prioridades y en la forma en que se financian los sistemas, con el fin de alzanzar la salud para todos.

Tercera, si se quiere que la nueva ASM aborde de forma significativa las ENT, debe ir más allá de su enfoque actual en las enfermedades, el tratamiento y la atención clínica, y orientarse más decididamente hacia la prevención. Las muertes prematuras por ENT pueden prevenirse en gran medida, y las intervenciones necesarias cuentan con amplia evidencia. Sin embargo, estas acciones requieren esfuerzos previos que se extienden mucho más allá del sector de la salud, incluyendo áreas como el medio ambiente, la agricultura, la educación, el comercio, el transporte y las finanzas, para abordar los factores de riesgo clave y los determinantes sociales.

Hasta la fecha, la ASM ha sido relativamente débil en este sentido y no ha estado a la altura de su potencial. Esta es una oportunidad para reiniciar y recalibrar, aprovechando de forma más deliberada toda la amplitud de la ASM y los bienes públicos mundiales para promover sociedades más sanas.

Cuarta, existe la necesidad de recentrar el poder fuera de los centros mundiales como Nueva York, Ginebra y Washington, D.C., y hacia los propios países, basando la toma de decisiones en las prioridades definidas a nivel nacional, la implicación de los países y la soberanía sanitaria. Es decir, un enfoque de los sistemas sanitarios basado en "un plan, un presupuesto", tal y como se definió en la Agenda de Lusaka.

Esto significa situar a los países en el asiento del conductor, permitiéndoles establecer prioridades basadas en sus propias cargas de morbilidad y retos sanitarios, lo que conduciría a una priotización natural de las ENT y la salud mental.

Por último, el papel de la sociedad civil y de las comunidades afectadas —tanto en el propio proceso de reforma como a la hora de tener voz y voto en los órganos de gobierno de la estructura resultante— es absolutamente fundamental. Su participación es esencial para garantizar que las reformas se basen en las realidades de la comunidad.

Sin embargo, preocupa seriamente que la reciente propuesta de la OMS para un proceso conjunto de reforma de la ASM se quede muy corta en este sentido. El grupo de trabajo que se ha propuesto incluye toda una serie de diferentes instituciones sanitarias mundiales y Estados miembros. No hay ni un solo puesto para la sociedad civil. Creo que es algo que tenemos que analizar colectivamente y presionar para que cambie con rapidez.

 

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